Un medicamento
es una sustancia que se usa para aliviar el dolor, curar o prevenir
enfermedades. En principio, los medicamentos deben ser recetados por el médico.
Sin embargo, la automedicación es algo muy habitual y conlleva sus riesgos.
En la
Antigüedad las sustancias medicinales se elaboraban con hierbas y productos
naturales. No será hasta el siglo XVI cuando se empiecen a utilizar sustancias
químicas. De todos modos, la verdadera revolución en el mundo de los fármacos
se produce en el siglo XX.
Tipos de medicamentos según
su composición
Existen
distintas clases de medicamento según su composición. Algunos se fabrican en
masa con una misma fórmula, otros sin embargo son específicos y únicos para
cada caso.
Por
otra parte, los medicamentos también se diferencian por su forma de
comercialización, pues algunos salen al mercado con una marca y procedentes de
un laboratorio y otros se comercializan sin marca.
Especialidades
farmacéuticas
Son
aquellos medicamentos conocidos con un nombre comercial, cuya
composición, realizada por un laboratorio, es siempre la misma y figura en el
envase.
Su
nombre no es el de la sustancia activa a partir de la que se fabricaron, sino
un apelativo inventado. En su envase además de la composición figuran los
laboratorios que lo han fabricado.
Medicamentos genéricos
Tienen
los mismos componentes y calidad que la especialidad farmacéutica
correspondiente, pero su nombre se corresponde con el de la sustancia activa
más importante que contengan.
Carecen
de marca alguna. No son imagen de ningún laboratorio prestigioso, pero tienen
los mismos componentes. Puede sólo variar formas, colores o sabores, pero la
sustancia activa destinada a combatir la enfermedad es la misma. Son más
baratos que las especialidades farmacéuticas.
Fórmulas magistrales
Son
medicamentos que un farmacéutico elabora a instancias de un médico, para un
paciente específico y con una fórmula particular. No están fabricados
previamente ni se comercializan.
Están
destinados a un fin concreto y deben ser elaborados para cada caso. Es
necesario recurrir a este tipo de medicamentos sobre todo en los casos de
enfermedades poco habituales.
Uso de los antibióticos
Son
medicamentos que detienen el crecimiento o matan ciertas bacterias presentes en
el organismo humano. Hay antibióticos específicos para cada tipo de bacteria.
El
mal uso de estos fármacos se debe, en parte, a muchas personas no diferencian
entre las enfermedades producidas por virus y las producidas por bacterias.
Los
virus y las bacterias son microorganismos muy parecidos, que transmiten
enfermedades infecciosas, pero el tratamiento para combatirlos es distinto.
Las enfermedades bacterianas se combaten con antibióticos,
sin embargo, estos no resultan eficaces contra los virus. Hay enfermedades
típicamente bacterianas, como la brucelosis o la difteria, y otras generalmente
víricas, como la gripe o el SIDA.
La
confusión se debe a que muchas de las enfermedades más comunes, como una
amigdalitis o una otitis, pueden tener un origen vírico o bacteriano. Si tienen
una u otra procedencia, sólo lo puede determinar el médico, que será quien
recete el medicamento adecuado.
El
mal uso de los antibióticos puede provocar que luego estos no sean eficaces, pues
al tomarlos de manera inadecuada se crean bacterias resistentes a los
mismos.
Consejos para el buen uso
de los medicamentos
·
No automedicarse.
·
Respetar los horarios y
la duración de los tratamientos.
·
Leer atentamente el
prospecto.
·
Informar al médico si
se están tomando otros medicamentos, pues algunos son incompatibles.
·
Tener especial cuidado
si se está embarazada o en periodo de lactancia.
·
Evitar la ingesta de
alcohol, pues no es compatible con algunos medicamentos.
·
Si se padece alguna
alergia o enfermedad crónica, se debe informar al médico.
·
Tener precaución a la
hora de conducir, pues algunos medicamentos pueden provocar somnolencia.
|